Cuestión de fe.

llora

Ella era una minita mas, una del montón; una de esas pibas que vemos pasear por las calles del conurbano. Sus catorce años le pesaban en el alma y en los ojos. Nunca conoció a su padre, y la figura paterna mas cercana fue aquel borracho que la manoseaba cuando ella todavía, no había cumplido los diez. Tenía unos cuantos hermanos diseminados por los cien barrios porteños, ya que su mamá en el afán de encontrarle una familia, solo conseguía un embarazo más, y, al poco tiempo, un hombre menos.

Así fue creciendo, de casa en casa, de barrio en barrio, de tristeza en tristeza.

Dicen que Dios actúa de formas misteriosas y eso hizo esta vez. Quizás fue un milagro o solo la casualidad. Pero en aquella tarde de Domingo y sin saber muy bien el porque; ella se encontró sentada en una iglesia, cantando y orando, confundida y feliz…

Entonces podría decirse que este es el final de la historia, una niña que después de haber sufrido vio la luz de Dios y vivió feliz para siempre… Pero no.

El templo y sus predicadores la fueron atrapando, ella era un cordero del Señor y de ahora en adelante solo viviría para llevar una vida pura y casta, un camino recto hacia la salvación y la pureza, donde la propia vida no importase, solo el amor hacia el Señor y al prójimo. Y así como se sufre con el primer amor, ella también probó el amargo fruto de la desilusión.

¿Qué Dios detrás de Dios, la trama empieza?…

Tal vez fue el pastor que quiso entre sus sábanas, protegerla demasiado… O tal vez, no estaba preparada para dar el amor que nunca tuvo.

Solo se que una tarde de Domingo, como en el mismo instante primigenio de las cosas; la niña se encontró a sí misma, sollozante y desnuda; gimiendo tristemente su destino; ese de haber amado tanto, pero tanto; que ni la misma muerte pudo arrebatarle la sonrisa final.

Alberto Gutierrez.

Publicado en Cuentos | Deja un comentario

El boliche

boliche

El boliche siempre estaba en penumbras, sin importar la hora del día, la época del año o la cantidad de mugrientas ventanas que se encontrasen abiertas. Había un olor característico, una mezcla de vino barato y humo de cigarro que se te impregnaba en la ropa y en la piel.

Conocí este lugar desde muy chico, casi a la fuerza, cuando la voz de mi madre me decía: “andá a buscar a tu padre a lo de Cachito”, y salía yo, no tendría mas de siete u ocho años, a buscarlo al viejo que de seguro estaría jugando al truco con otros parroquianos (vaso de vino de por medio), y que al verme llegar y después de la burla de sus compañeros de juego cuando yo le decía “dijo mamá que vayas urgente para casa”, con una sonrisa en los labios le pedía al despachante. ¡una coca para el pibe!, motivo por el cual yo pasaba a ser un parroquiano más, y, desde luego, otro al que mi madre vendría a buscar al boliche, ya no de tan buen humor.

Y así como el de “Cachito”, podrá mencionar tantos otros… El de Pelafán, Los Pinos, El Rosarino, El viejo bar, el de Ochoa, Fornichelli, El Lucero, el inolvidable “Pajarito”, o “El Tano Nicola” , sin olvidar jamás el boliche de “la Gorda” en Boulogne Sur Mer y Primera Junta, uno de esos auténticos boliches con barra de madera y apoya pies de bronce…

Así fue transcurriendo mi niñez, buscándolo al viejo en todos los boliches de la zona, acompañando sin saber, tantas alegrías y tantas tristezas.

El tiempo transcurrió tan rápidamente…
Fui de a poco comprendiendo el porque de los boliches y de su concurrencia, saber que el que bebía su vino barato o su copa de “legui” u otras tantas bebidas, no lo hacía de borracho nomas (aunque muchos habían de esos), sino porque se sentía solo.
Y es aquí, donde debo aclarar un punto fundamental: Que en esos lugares es muy diferente el que está solo; al que se siente solo. Porque no es lo mismo estar sin compañía, que sentirse solo, eso es algo que no hay litros de vino que puedan remediar.

Y así pude conocer poetas, cantores, payadores, (como el gran vasquito de Mataderos) esas personas que jamás han de triunfar y seguirán regalando su arte, eternamente, para acompañar tantas soledades. Creo que Dios así lo dispone.
Hoy ya han pasado mas de treinta años. Caminar por Tapiales, Fournier o Villa Madero, ver todo tan cambiado… Ya no existe casi ni el recuerdo de aquellos boliches, ni de sus parroquianos; solo algunos, muy viejos ya hasta para recordar, caminan perdidos como antiguos fantasmas buscando algún lugar para compartir una copa, o tantas soledades…

Y mi viejo?… el también un día se nos fue, perdido entre miles de vasos, cartas y nostalgias.

Dejo de escribir; por hoy ya no quiero recordar.

Termino mi copa de vino… y mi viejo también.

Alberto Gutierrez.

Publicado en Cuentos | Deja un comentario

Tormenta

Imagen

 

 Hoy el cielo,

comprendió la tristeza

de los hombres

y un arranque de furia

o de melancolía

se desnudó,

en torrenciales lamentos

sobre el mundo,

no podremos ya

lavar nuestros pecados,

no hay palomas ni olivos

en nuestros horizontes,

no hay arcas salvadoras,

solo el recuerdo de lo que hemos hecho

y una inmensa pena

por no haber intentado

cambiar las cosas…

Y en mi balcón,

la noche se desangra

en lluvia…

y yo con ella.

 

Alberto Gutierrez.

Publicado en Poesía | Deja un comentario

Culpables

Imagen

 

Caminamos de espaldas

a nuestro pasado,

(triste caravana

poblada de espectros),

sin vuelta posible,

con penas y olvidos,

cerrados los ojos

a cielos e infiernos.

 Tuvimos orgullo,

¡si que lo tuvimos!

Jamás confesamos

el amor secreto,

maldito el orgullo

mil veces maldito,

y ahora es… tan vago,

y penoso el recuerdo.

 De lejos, un canto…

o la bella risa

del niño que fuimos,

y unos negros ojos,

y unas blancas manos,

que amarga la imagen

de lo que perdimos.

               Y en la negra noche

              miramos al cielo

              y un susurro leve

              se vuelve su nombre.

 Llenos de nostalgias,

abrimos los ojos

mirando perplejos

el triste presente

que hemos construido,

lo negamos todo

¡nosotros no fuimos!

Fué Dios, fué la vida…

!cobarde es echarle

la culpa al destino!

 Llegará el momento

de rendir las cuentas,

y haremos memoria

llorando en silencio

nuestro amor perdido,

se reirá el orgullo

de nuestro pasado

¡tan grande la vida

y tan poco vivimos!

              Y en la negra noche

              miramos al cielo

              y un susurro leve

              se vuelve su nombre.

 

Alberto Gutierrez.

Publicado en Poesía | Deja un comentario

Esperando

Imagen

 

 

Es, cuando se cierra

el ciclo de la esperanza,

que se cierra el ciclo

de la vida;

los días luminosos

han concluido,

la noche llega,

una noche sin estrellas,

llena de calma letal,

¿Qué esperanza hay

en vagar en la noche,

que nos lleva imperiosamente

al sepulcro?

Ya no amanecerá mas…

las auroras,

han muerto para nosotros…

solo vive nuestro

deseo,

un deseo muy débil,

como una luz de lámpara

pronta a extinguirse…

y, ese deseo,

es el deseo de la muerte…

único que sobrevive

a la muerte del deseo.

 

Alberto Gutierrez

Publicado en Poesía | Deja un comentario

Sombras

Imagen

 

Ya no creíamos en nada,

incrédulos ateos,

despojados de alegrías

y tormentos,

navegábamos a la deriva

cual fantasmas

lejanos…

tan lejanos y silentes,

como la flota de

aquellos sueños perdidos,

arrastrando penosamente

nuestras verdades

mas temidas,

mas odiadas,

ruines,

tanto como nosotros mismos

al ocultarlas;

o llenos de piedad,

por no mostrarles

a nuestros semejantes

la naturaleza misma

de un dolor profundo,

nuestro,

estoicamente nuestro,

orgullosamente nuestro…

al que cubrimos

como los hijos de Noé,

ante la imagen de su padre

desnudo,

ocultamos así el dolor

ante la mirada insultante

de nuestros semejantes;

tuvimos piedad

de nuestro dolor.

 

Hace mucho frio aquí,

esperaré a aquel

que deba de sustituirme,

le entregaré voluntario

mi fardo de esperanzas,

y lloraré sobre él.

 

Alberto Gutierrez

Publicado en Poesía | Deja un comentario

Jugando

Imagen

No me dejes dormir

despertame temprano,

debo salir

a contemplar la vida,

a rodar calle abajo

a jugar con el perro

a correr en el pasto

a andar en bicicleta,

a trepar algún árbol

jugar a la payana

o en la lluvia

descalzo

ser un fiero pirata

de mi barco de diario.

Después con los amigos

silbando por lo bajo

quedarse haciendo esquina

en el kiosco del barrio,

hasta que nos encuentre

la abuela y sus chancletas

con la lista y el chango

para hacer los mandados…

Hoy como no hay colegio;

nos vamos al baldio

a armar un barrilete

o una cinco de trapo

               mientras en la cocina

               mi vieja y mis hermanas

               entre risas y canto

               van cocinando.

Después de la comida

me escapo de la siesta

sin que nadie se entere

y me asomo a su patio,

ella me espera siempre

con sus trenzas morenas

con dos ojos alegres

con un beso en los labios,

               amor de la niñez

               amor prohibido

               amor tan claro…

No me dejes dormir,

despertame temprano

¡que con ochenta Agostos

en el alma,

la sigo recordando!.

 

Alberto Gutierrez.

 

 

 

Publicado en Poesía | Deja un comentario